Diseñamos tus cejas sobre tu propio rostro, pelo a pelo, hasta que el trazo desaparece en tu piel. Apruebas la forma tú, antes de que toquemos una aguja.
El lápiz cada mañana. Corregir la asimetría que solo tú ves. Volver a empezar si te da el sol, si nadas, si el día se alarga más de la cuenta. Lo que buscas no es maquillarte mejor — es dejar de tener que hacerlo.
La micropigmentación no sustituye tu criterio: lo fija. Diseñamos la forma que ya sabes que te sienta bien y la dejamos ahí, pelo a pelo, durante los próximos dos años.
Es la duda que frena a la mayoría de mujeres que se lo plantean — y con razón: todas hemos visto cejas demasiado oscuras, con una forma que no correspondía a esa cara. Por eso el proceso no empieza con la aguja.
Definimos el contorno, devolvemos uniformidad al tono natural de tus labios y dejamos un color que no se va con el café ni con el primer beso. Ni línea dura, ni morado apagado: el mismo labio, en su mejor versión.
Una cita basta para ver tu rostro, proponer la forma y resolver tus dudas de precio, dolor y mantenimiento. Si ese día no quieres pigmentar, no pigmentamos.
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